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Por qué cuando no resuelves un problema tienes un gran problema

En mis conversaciones suelo preguntar a la gente qué problema resuelven en su profesión. Y he llegado a la conclusión de que no lo saben. Lo malo de no saberlo es que sus potenciales clientes tampoco lo saben y entonces no les contratan.

No sé en que profesión o sector estás, pero sí sé que tú, como yo, como todos estamos en la distribución de soluciones a problemas. En eso todos somos o deberíamos ser iguales.

¿Cuál es el problema que solucionas? Espero que lo tengas clara o y que sea un problema bien gordo porque cuanto más útil eres a la gente más te pagan por que les ayudes.

Busca problemas que solucionar, no busques clientes, no busques oportunidades, no busques ideas. Busca problemas, resuélvelos, y todo irá bien.

Una de mis sesiones de coaching consiste en ayudar a definir el problema que mis clientes, los coach, resuelven bien. No creas que es sencillo. Siempre que hablamos de ello, acaban saliendo soluciones, métodos, protocolos… Les cuesta mucho pararse y definir con claridad qué problemas concretos resuelven.

Haz la prueba, escribe en el dorso de una tarjeta de visita en qué eres útil (no lo que haces) y ten en cuenta que al tener poco espacio deberás ser muy concreto.

Sí, lo que haces no le interesa a nadie. Tus clientes quieren saber sus beneficios  y no tus actividades cuando te contratan o te compran. Lo que haces o cómo lo haces carece de importancia. Es una lástima que cuando pregunto, respondan siempre con una lista de tareas y actividades. Es una lástima porque eso no vende.

El próximo 28 de abril daré en Barcelona un seminario de un día entero sobre problem solving: herramientas sencillas para resolver problemas complejos. Usaremos dibujos y preguntas y mucha creatividad.

¿Problemas? ¡Sí, problemas!

Por qué amo a Buda y admiro la pasión de Richard Branson

No soy un monje budista, ni vivo en un templo dedicado a la meditación, aunque sí he visitado varios de ellos en varios países. Pero amo el budismo y su filosofía de vida desde los 15 años, de eso hace mucho. A esa edad leí sobre el Tíbet y su tradición de sabiduría esencial y caí fascinado por su utilidad y pragmatismo. Me acerqué a una espiritualidad creíble. A los 17 años escribí un trabajo en mi instituto sobre el mensaje vivo del budismo y la sed de occidente de una nueva espiritualidad laica, y desde entonces he sentido inclinación para saber más sobre el inmenso regalo de oriente al mundo: el budismo.

Uno de los conceptos sobre los que he escrito abundantemente en mis libros en el de «paz interior» para mí mucho más práctico que la expresión «felicidad» señuelo de occidentales y muy a menudo.

Celebro que Buda eligiese el planeta Tierra para nacer y así sembrar su semilla de amor aquí, creo que ese es el mejor regalo que puede recibir un planeta en todo el Cosmos. Y celebro mi suerte por haber compartido el planeta Tierra con él, y tener la inmensa suerte de conocer sus enseñanzas.

 

Supe de Richard Branson también a los 15 años, era el alma mater de un súper ventas musical: «Tubular Bells» de Mike Olfield. Richard era algo mayor que yo, un joven que tuvo la osadía de crear su propia discográfica: «Virgin Records» y editar un LP de música electrónica revolucionaria para la época (1975) y que le hizo ganar una fortuna. De ahí pasó a crear unas 300 empresas y convertirse en: un aventurero (viajes en globo, viajes al espacio), un emprendedor (Grupo Virgin) y un filántropo (sensibilidad social). Fíjate que siempre sonríe, qué gran actitud; y no sonríe porque sea rico, sino que más bien es rico porque siempre sonríe.

Richard Branson es una buena persona inmensamente rica. Gracias por ser un testimonio creíble de que eso es posible.

Puedo imaginar un mundo mucho mejor en el que los valores de Buda y de Branson fuesen incorporados en las vidas de los jóvenes y mayores. Un mundo de conciencia y prosperidad, de bondad y creatividad, de amor y valentía… Por esa razón amo a Buda y admiro a Branson. Supe de ellos a los 15 años y ambos han marcado el resto de mi vida en aspectos diferentes pero complementarios.

Y he escrito el e-book «Coaching para Milagros» para los coaches y terapeutas que quieren vivir de su vocación de ayudar a otros y que quieren vivir bien, es decir de ganarse muy bien la vida y no de sobrevivir como suele suceder. Lo he escrito para reivindicar el maridaje entre conciencia y dinero, entre ayudar y ayudarse a sí mismo, entre hacer felices a otros y ser feliz uno mismo. Creo que todos esos conceptos no están reñidos. Y creo además que los prejuicios sociales y religiosos que hemos heredado de pequeños han creado ese conflicto inexistente y en consecuencia han arruinado la economía y la vida de muchas personas que creían que no debían cobrar por ayudar a otros o que prosperar es incompatible con ser espiritual.

Mi e-book resume lo que yo sé y he usado para ser una referencia en el mercado de coaching. Sé que su lectura y aplicación hará ricos y felices a muchos profesionales de la ayuda (coaches y terapeutas) que hoy viven con justezas, y a salto de mata, entregados a su vocación. Y yo, por mi parte, esta noche dormiré con una sonrisa en los labios por contribuir a cambiar ese malentendido y ayudarles a mejorar su profesión y su vida.

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