Sólo puedo renunciar a lo que nunca fue real

Renunciar.

Con la idea de hoy quiero dejar bien claro que sólo es posible sacrificar las ilusiones y nada más. Y eso no parece una gran pérdida ¿verdad?

Me explico:

  • Cuando renuncio a juzgar a los demás, renuncio a una fantasía, es decir: no es nada y por tanto renuncio a nada.
  • Cuando renuncio a mis miedos, no pierdo nada porque no son reales, no renuncio a nada. Sólo renuncio a una fantasía dolorosa, es decir no pierdo nada.
  • Cuando renuncio a preocuparme o a la culpa, igualmente renuncio a una fantasía de la mente. Por lo tanto no pierdo nada. Porque desprenderme de “nada” supone ninguna pérdida.

¿Me sigues?

Sólo una persona que está “dormida” siente que renunciando a aquello que más le duele, sufre una pérdida.

En cambio, todo lo que es real como una expresión de amor, no puede perderse, ni hay renuncia que me lo arrebate porque lo que es real (y solo el amor es real) siempre me pertenece.

 

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