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Por qué cuando no resuelves un problema tienes un gran problema

En mis conversaciones suelo preguntar a la gente qué problema resuelven en su profesión. Y he llegado a la conclusión de que no lo saben. Lo malo de no saberlo es que sus potenciales clientes tampoco lo saben y entonces no les contratan.

No sé en que profesión o sector estás, pero sí sé que tú, como yo, como todos estamos en la distribución de soluciones a problemas. En eso todos somos o deberíamos ser iguales.

¿Cuál es el problema que solucionas? Espero que lo tengas clara o y que sea un problema bien gordo porque cuanto más útil eres a la gente más te pagan por que les ayudes.

Busca problemas que solucionar, no busques clientes, no busques oportunidades, no busques ideas. Busca problemas, resuélvelos, y todo irá bien.

Una de mis sesiones de coaching consiste en ayudar a definir el problema que mis clientes, los coach, resuelven bien. No creas que es sencillo. Siempre que hablamos de ello, acaban saliendo soluciones, métodos, protocolos… Les cuesta mucho pararse y definir con claridad qué problemas concretos resuelven.

Haz la prueba, escribe en el dorso de una tarjeta de visita en qué eres útil (no lo que haces) y ten en cuenta que al tener poco espacio deberás ser muy concreto.

Sí, lo que haces no le interesa a nadie. Tus clientes quieren saber sus beneficios  y no tus actividades cuando te contratan o te compran. Lo que haces o cómo lo haces carece de importancia. Es una lástima que cuando pregunto, respondan siempre con una lista de tareas y actividades. Es una lástima porque eso no vende.

El próximo 28 de abril daré en Barcelona un seminario de un día entero sobre problem solving: herramientas sencillas para resolver problemas complejos. Usaremos dibujos y preguntas y mucha creatividad.

¿Problemas? ¡Sí, problemas!

Por qué nuestra realidad no cambia tan deprisa como quisiéramos

Nuestra educación el lineal, secuencial, lógica… aburrida. La mente, la tuya, la mía, van mucho más rápido y tiene que «esperar» a que le demos contenido con el que trabajar y crear realidades más interesantes. En la escuela se entrena el hemisferio izquierdo(secuencial) pero no el derecho (holístico).

Gran problema.

A la mente le damos comida de baja intensidad: números, palabras, listas, secuencias… Pero no le damos súper nutrientes: imágenes, colores, globalidad, correlaciones… Como consecuencia, el cerebro se duerme de aburrimiento y el rendimiento baja escandalosamente. Creo que parte del fracaso escolar se debe a ese súper aburrimiento de la herramienta más sofisticada que conocemos: la mente. ¡ Qué paciencia tiene con nuestros pobres hábitos de funcionamiento!

¿Imaginas cómo sería correr los 100 metros lisos con una sola pierna? Pues eso es lo que hacemos con el cerebro, vivimos usando solo el hemisferio izquierdo, desaprovechando un 50% de potencial.

Como profesionales no sabemos sacar oro de la mente porque usamos técnicas lentas, éxito lento.

Por esa razón la realidad cambia tan poco a lo largo de  una vida: porque pensamos siempre las mismas cosas. Tenemos que pensar cosas diferente para que sucedan cosas diferentes. Si lo que piensas hoy se parece mucho a lo que pensabas ayer todo irá muy lento y todo se parecerá mucho a cómo era ayer. Si quieres cambios, tienes que cambiar las cosas que sueles pensar habitualmente.

He encontrado una herramienta para multiplicar la eficiencia y son los «Mapas Mentales», llevo años trabajando con ellos y puedo asegurar que han cambiado mi vida y mi rendimiento profesional. Además de las técnicas de: «Story-telling» y «Problem solving con dibujos y preguntas».

Hay muchas opciones para la excelencia, y están aquí, esperando a que decidas usarlas.

 

 

Por qué los coach buscan clientes y los clientes no les buscan a ellos

Los coach andan ocupados buscando su próximo cliente, preocupados por llenar su agenda con horas concertadas para conseguir la noble tarea de «vivir del coaching». Ahora mismo hay muchos coaches en el mercado, pero que realmente vivamos del coaching somos pocos, muy pocos. Y es que en las escuelas de coaching enseñan bien poco sobre cómo posicionarte en el mercado, cómo diferenciarte de otros colegas, cómo ser visible en la red; y en definitiva, cómo conseguir «llenar hasta la bandera» tu agenda de citas para entregar coaching a los clientes. Con un título, con ser coach, no basta; es preciso que los clientes te busquen a ti y no tú a ellos.

Veo ahora mismo un mercado y una profesión creciente, buenos profesionales, psicólogos interesados en reinvertarse como coach, personas que buscan una salida profesional en el coaching, y también impostores y advenedizos dispuestos a vivir del cuento… Es difícil diferenciarlos, por un momento pongámonos en la piel del potencial cliente: ¿cómo elegir tu coach? Difícil, miro el mercado, examino sus tarjetas de visita, rastreo sus webs… y ni siquiera yo sabría cómo escoger uno, me parecen todos iguales. O casi todos.

La última anécdota proviene del software que uso para enviar newsletters, el cual califica como «spam» la palabra «coach» y «coaching». Da que pensar, ¿verdad?. ¿Es el momento de reinventar la profesión? ¿De elegir otra palabra? ¿Incluso de abandonar el coaching convencional? Que cada uno haga su reflexión, yo hice la mía. Y desde mi percepción, la palabra «coach» ahora mismo ya es un serio obstáculo para la diferenciación del profesional que se dedica a esta noble profesión. Calificarse como coach es el primer problema del coach.

Pasar de buscar clientes a ser buscado como coach por los clientes es un proceso del propio coach. Escribí mi e-book «Coaching para Milagros» para ayudar a los profesionales de la ayuda (sean: coaches, terapeutas, psicólogos, conferenciantes, profesores…). En sus páginas coleccioné las técnicas de marketing personal que llenan una consulta. Es el resultado de años de práctica profesional. No es algo que me han dicho, es algo que he hecho; esa es la gran diferencia entre la teoría y la práctica.

Si eres coach deseo que triunfes como tal. Cuando eso suceda, y como coach «mueras de éxito», te ayudaré a solucionar tu nuevo problema (ahora no tendrás ni una hora libre, la agenda llena, la consulta a tope… pero sin un minuto para ti mismo). Te ayudaré a vivir como coach pero sin vender todas tus horas dando coaching. ¡Como me pasó a mí!

Pero eso será el contenido de otro libro y de otro post.

 

Por qué un yogui se hizo soldado… y cambió el yoga por un fusil

De  entre las muchas historias que han llegado a mí, la que sigue es una de las más insólitas e increíbles. Me contó una buena amiga la existencia de un profesor de yoga cuya historia me resultó tan extraña que quise conocerle y le pedí que me lo enviara al gabinete de coaching por si podíamos hacer algo por él. El profesor de yoga acudió a mi encuentro aunque por desgracia no quiso dejarse ayudar por el coaching y así su destino quedó echado.

El profesor de yoga, al que llamaremos Amadeo, para preservar su anonimato había abierto un centro de yoga en la provincia de Barcelona. Pero a pesar de que era muy bueno, las cosas no le iban bien. Sus grupos eran pequeños y no contaba con los suficientes abonados para mantener el centro de yoga y pagar sus cuentas.

¿No es esta una historia frecuente? Buenos profesionales en su campo con malas cifras en sus cuentas bancarias. Te aseguro que esta historia es tan triste como frecuente. A mi despacho de coaching acuden infinidad de profesionales que están hartos de no ganar lo suficiente.

Son buenos profesionales, sin marca personal.

Amadeo era muy bueno en lo suyo (el yoga) pero muy malo gestionando un proyecto, promocionándose, ganando dinero… La cuestión es que Amadeo se planteó cerrar el centro y buscar un ingreso fijo, seguro, conocido… ¿y qué se le ocurrió? Hacerse soldado. Como lo lees. Y de este modo cambió la esterilla de yoga por un fusil, aunque yo por más que lo pienso no llego a imaginármelo. Por cierto la palabra «sueldo» proviene de «soldada» la paga del soldado…¿cuántas personas hoy día están vendiendo su alma por una soldada?

Soy coach, me va muy bien, tengo más clientes de los que puedo atender porque tengo el sistema que funciona; y voy a compartirlo con todo aquel que quiera escucharlo. Yo quiero ayudar a los profesionales de la ayuda a otros para que no tengan que empuñar un fusil y traicionar así sus valores. No quiero que buenos profesionales pasen de ayudar a otros a encañonar a otros. Mi deseo es que vivan muy bien de la profesión que eligieron; y no que se tengan que buscarse un sueldo “en lo que sea” para acabar ganando lo que sea.

Trabajar para ganar dinero nada más es intolerable.

Con esa intención escribí el ebook: “Coaching para Milagros”, el libro digital para personas que quieren hacer estallar de éxito su consulta, conseguir más clientes y ser una referencia en su mercado. Puedes descargarlo en mi tienda: www.tiendasamso.com Espero que te sea útil y que nunca, nunca, jamás de los jamases, le des la espalda a un proyecto de ayuda por tener que ganarte el pan en algo sin significado y contrario a tus valores.

Amén.

Por qué amo a Buda y admiro la pasión de Richard Branson

No soy un monje budista, ni vivo en un templo dedicado a la meditación, aunque sí he visitado varios de ellos en varios países. Pero amo el budismo y su filosofía de vida desde los 15 años, de eso hace mucho. A esa edad leí sobre el Tíbet y su tradición de sabiduría esencial y caí fascinado por su utilidad y pragmatismo. Me acerqué a una espiritualidad creíble. A los 17 años escribí un trabajo en mi instituto sobre el mensaje vivo del budismo y la sed de occidente de una nueva espiritualidad laica, y desde entonces he sentido inclinación para saber más sobre el inmenso regalo de oriente al mundo: el budismo.

Uno de los conceptos sobre los que he escrito abundantemente en mis libros en el de «paz interior» para mí mucho más práctico que la expresión «felicidad» señuelo de occidentales y muy a menudo.

Celebro que Buda eligiese el planeta Tierra para nacer y así sembrar su semilla de amor aquí, creo que ese es el mejor regalo que puede recibir un planeta en todo el Cosmos. Y celebro mi suerte por haber compartido el planeta Tierra con él, y tener la inmensa suerte de conocer sus enseñanzas.

 

Supe de Richard Branson también a los 15 años, era el alma mater de un súper ventas musical: «Tubular Bells» de Mike Olfield. Richard era algo mayor que yo, un joven que tuvo la osadía de crear su propia discográfica: «Virgin Records» y editar un LP de música electrónica revolucionaria para la época (1975) y que le hizo ganar una fortuna. De ahí pasó a crear unas 300 empresas y convertirse en: un aventurero (viajes en globo, viajes al espacio), un emprendedor (Grupo Virgin) y un filántropo (sensibilidad social). Fíjate que siempre sonríe, qué gran actitud; y no sonríe porque sea rico, sino que más bien es rico porque siempre sonríe.

Richard Branson es una buena persona inmensamente rica. Gracias por ser un testimonio creíble de que eso es posible.

Puedo imaginar un mundo mucho mejor en el que los valores de Buda y de Branson fuesen incorporados en las vidas de los jóvenes y mayores. Un mundo de conciencia y prosperidad, de bondad y creatividad, de amor y valentía… Por esa razón amo a Buda y admiro a Branson. Supe de ellos a los 15 años y ambos han marcado el resto de mi vida en aspectos diferentes pero complementarios.

Y he escrito el e-book «Coaching para Milagros» para los coaches y terapeutas que quieren vivir de su vocación de ayudar a otros y que quieren vivir bien, es decir de ganarse muy bien la vida y no de sobrevivir como suele suceder. Lo he escrito para reivindicar el maridaje entre conciencia y dinero, entre ayudar y ayudarse a sí mismo, entre hacer felices a otros y ser feliz uno mismo. Creo que todos esos conceptos no están reñidos. Y creo además que los prejuicios sociales y religiosos que hemos heredado de pequeños han creado ese conflicto inexistente y en consecuencia han arruinado la economía y la vida de muchas personas que creían que no debían cobrar por ayudar a otros o que prosperar es incompatible con ser espiritual.

Mi e-book resume lo que yo sé y he usado para ser una referencia en el mercado de coaching. Sé que su lectura y aplicación hará ricos y felices a muchos profesionales de la ayuda (coaches y terapeutas) que hoy viven con justezas, y a salto de mata, entregados a su vocación. Y yo, por mi parte, esta noche dormiré con una sonrisa en los labios por contribuir a cambiar ese malentendido y ayudarles a mejorar su profesión y su vida.

Raimon Samsó    Consigue tu e-book aquí