Aceptación: acepto a todos porque me acepto a mí

Es obvio que cuando das algo material, esto menguará, tendrás menos de aquello que das. Al dar cosas, tienes menos cosas.

Es la ley de la aritmética.

Pero también es obvio que cuando compartes una idea, una emoción, afecto, compasión, aceptación… la refuerzas en tu mente y en el mundo. Y duplicas su presencia en el mundo y en tu vida. Ahora la persona que recibe y la que da lo poseen a la vez, ambos consiguen aquello que dan.

Es la ley del amor.

Ofrece tus pensamientos de aceptación con quien te encuentres a cada paso. Y eso os beneficiará a todos, cuando aceptas en silencio, beneficias al mundo, y también a ti.

Sé generoso al aceptar, pues lo que compartes ahora crece al hacerlo: en tu mente y en la suya crecerán. Los pensamientos se extienden al compartirse y nunca se pueden perder. Nunca te quedas sin aquello que das cuando lo que ofreces es amor. Porque el amor nunca se acaba o agota cuando se da.

De igual modo, que no puedes poner tu mano en bote de miel sin pringarte de ella; del mismo modo cuando aceptas a otros, te aceptas a ti y por ello serás aceptado. Tu aceptación retorna a ti. Te regalas lo que regalas.

Acepto a todos porque me acepto a mí (y para poder aceptarme a mí antes he de aceptar a otros).

Y al compartir esta idea, la refuerzas en tu mente. la refuerzas en la suya y en el mundo. Y cada vez más personas aprender a aceptar más rápido y fácil. Has facilitado su aprendizaje con el tuyo.

Y si tu ego se resiste, hazlo por ti, no es por ellos, es para ti, para tu paz interior. Aceptándoles ganas en primer lugar tú.

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